Sucio cerdo capitalista

Caricatura del capitalismo: Un tío desalmado, preferentemente gordo y calvo, fumando un cigarro y acumulando riqueza sin freno a costa de unos trabajadores que son explotados hasta la extenuación.

Capitalismo real: Tras la purga del 90% entre los que lo intentaron y fracasaron, los que sobreviven suelen sacrificar años, salud y familia para poder simplemente ganarse la vida. Los empresarios reales arriesgan su propio dinero para algo tan loco como proporcionar bienes o servicios que otros desean (y están dispuestos a pagar por ello), mientras reinvierten los beneficios (cuando los hay) en su negocio porque no saben cuándo su idilio con el cliente terminará, ni tampoco si su reinversión resultará exitosa.

Fracase o tenga éxito, su entorno nunca le comprenderá.

Cultura emprendedora

Emprender, en la cultura española, está envuelto por un pensamiento mágico con forma de proyección lineal. Se sobrevalora a quien no ha fracasado antes ni cometido errores, como si le protegiese un halo especial del que carecen los demás, por lo que se le asigna una mayor probabilidad de éxito en su siguiente proyecto.

Al mismo tiempo, se minusvalora y rechaza al que ha fracasado previamente, pues se le otorga una mayor probabilidad de volver a fracasar (“algo estará mal con él/ella”, he llegado a oír decir).

En cambio, la cultura estadounidense funciona al revés. Se sospecha de quien aún no ha fracasado porque sus éxitos hacen indistinguible su talento de la suerte. Y se valora más a los que ya han fracasado varias veces, pues ya se han enfrentado con los caprichos de la fortuna; con esa gran parte del mundo que no se puede controlar y del que depende tanto el resultado final.

Las 3 fases del emprendedor

Fase 1. Tengo una idea genial. En este trabajo de mierda estoy perdiendo el tiempo y desperdiciando mi vida. El mundo necesita mi idea. Tras pensarlo mucho y ahorrar, abandono la droga idiotizante y castradora de la nómina y me lanzo a emprender. Mi producto/servicio va a solucionar/hacer la vida más fácil a un montón de personas. Porque sin duda la gente es inteligente y sabrá apreciar, si soy lo suficientemente paciente y perseverante, la superioridad de mi servicio/producto. Mi idea es tan buena, que cuando lo ponga en el mercado no solo voy a mejorar el mundo y dejar mi huella, sino que encima me voy a forrar.

(Después de algunos años, ahorros volatilizados y quiebras inesperadas…)

Fase 2. La gente es tonta. Nadie quiere invertir en mi startup o comprar mi solución… Estos estúpidos no reconocen su enorme valor y me están matando de hambre mientras intento solucionarles la vida…

(Más años, fracasos, ruinas económicas y desastres personales después…)

Fase 3. ¡Menos mal que la gente es “tonta”! …y puedo venderles lo que piden.

Y así es como uno aprende, más allá de la abstracción de los libros de texto, lo que es el mercado, su belleza cruel e indiferente, ese proceso social que no valora el tiempo de trabajo dedicado, ni nuestras buenas intenciones, ni lo revolucionaria o genial que pueda parecernos nuestra idea; sino la simple satisfacción de una necesidad o deseo. Pues la gente no quiere algo porque sea bueno, es bueno porque la gente lo quiere. 

Pero a pesar de esa cruel indiferencia, es el proceso social más eficiente y moral que ha encontrado el ser humano para progresar en el largo plazo y mejorar su fugaz estancia en este Universo hostil.

Emprender

In the long run, the State, the Community, the established form of life remained, remained intact and impregnable. The individual, trying to break forth from it, died of fear, or of exhaustion, or of exposure to attack from all sides, like men who have left the walled city to live outside in the precarious open.

This is the tragedy of Hardy, always the same: the tragedy of those who, more or less pioneers, have died in the wilderness, whither they have escaped for free action, after having left the walled security, and the comparative imprisonment, of the established convention.

Remain quiet within the convention, and you are good, safe and happy in the long run, though you never have the vivid pang of sympathy on your side; or, on the other hand, be passionate, individual, willful, you will find the security of the convention a walled prison, you will escape and you will die, either of your own lack of strength to bear the isolation and the exposure, or from a direct revenge from the community, or from both.

—D.H. Lawrence.