Las 3 fases del emprendedor

Fase 1. Tengo una idea genial. En este trabajo de mierda estoy perdiendo el tiempo y desperdiciando mi vida. El mundo necesita mi idea. Tras pensarlo mucho y ahorrar, abandono la droga idiotizante y castradora de la nómina y me lanzo a emprender. Mi producto/servicio va a solucionar/hacer la vida más fácil a un montón de personas. Porque sin duda la gente es inteligente y sabrá apreciar, si soy lo suficientemente paciente y perseverante, la superioridad de mi servicio/producto. Mi idea es tan buena, que cuando lo ponga en el mercado no solo voy a mejorar el mundo y dejar mi huella, sino que encima me voy a forrar.

(Después de algunos años, ahorros volatilizados y quiebras inesperadas…)

Fase 2. La gente es tonta. Nadie quiere invertir en mi startup o comprar mi solución… Estos estúpidos no reconocen su enorme valor y me están matando de hambre mientras intento solucionarles la vida…

(Más años, fracasos, ruinas económicas y desastres personales después…)

Fase 3. ¡Menos mal que la gente es “tonta”! …y puedo venderles lo que piden.

Y así es como uno aprende, más allá de la abstracción de los libros de texto, lo que es el mercado, su belleza cruel e indiferente, ese proceso social que no valora el tiempo de trabajo dedicado, ni nuestras buenas intenciones, ni lo revolucionaria o genial que pueda parecernos nuestra idea; sino la simple satisfacción de una necesidad o deseo. Pues la gente no quiere algo porque sea bueno, es bueno porque la gente lo quiere. 

Pero a pesar de esa cruel indiferencia, es el proceso social más eficiente y moral que ha encontrado el ser humano para progresar en el largo plazo y mejorar su fugaz estancia en este Universo hostil.

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