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Fractal Thoughts

Opiniones personales de un flâneur estocástico

Las 3 fases del emprendedor. O de cómo uno aprende en carne propia el funcionamiento del mercado.

Fase 1. Tengo una idea genial. En este trabajo de mierda estoy perdiendo el tiempo y desperdiciando mi vida. Tras pensarlo mucho y ahorrar, abandono la cárcel de la nómina y me lanzo a emprender. Mi producto/servicio va a solucionar/hacer la vida más fácil a un montón de personas. Sin duda la gente es inteligente y sabrá apreciar, siendo pacientes, la superioridad de mi servicio/producto. Mi idea es tan buena, que cuando lo ponga en el mercado no solo voy a mejorar el mundo y dejar mi huella, sino que encima me voy a forrar.

(Algunos años y quiebras después…)

Fase 2. La gente es tonta. Nadie quiere invertir en mi startup o comprar mi solución. Estos estúpidos no reconocen su enorme valor y me están matando de hambre mientras intento solucionarles la vida…

(Más años, fracasos, ruinas económicas y desastres personales después…)

Fase 3. ¡Menos mal que la gente es tonta! …y puedo venderles lo que piden, sea o no mi solución, y pagar así las facturas.

El eterno retorno del progre

¿Por qué la ideología progre vuelve a estar de moda generación tras generación, especialmente entre los más jóvenes?

A pesar de su error teórico y su consiguiente fracaso sistemático, la popularidad de la ideología progre (conocida también por socialismo, comunismo, marxismo, socialdemocracia de izquierdas y “liberalism” en el mundo anglosajón) renace con fuerza generación tras generación. ¿Por qué este continuo retorno? ¿Estamos condenados los liberales clásicos a perder la batalla contra las ideologías colectivistas cada vez que renacen, cual Sísifo atrapados en un bucle eterno?

Me aventuro a lanzar tres razones por las que creo que la ideología progre es tan atractiva y recurrente, seduciendo especialmente a los más jóvenes. Y lo que es peor para el futuro de la humanidad, por qué seguirá siéndolo en el futuro: (más…)

La huida de la responsabilidad

Se podría decir que el ciudadano moderno desearía entregarle todas sus responsabilidades al Estado.

No quiere proteger su casa, sino ser protegido por la policía.

No quiere educarse para educar a sus hijos, sino entregarlos para que los adoctrinen y transformen en funcionales robots, sumisos y políticamente correctos.

No quiere decidir qué comer, qué beber, o si va a fumar o dejar el cigarrillo: quiere que la burocracia médica le imponga la receta lista.

No quiere crecer, tener conciencia, ser libre y responsable: quiere un padre estatal que lo cargue en el regazo y contra el que aún pueda hacer berrinches, golpeándose el pecho en defensa de sus ‘derechos’.

El Estado sonríe, porque sabe que, cuantos más “derechos” concede a ese cretino, más leyes son promulgadas, más empleados son contratados para aplicarlas, más puestos burocráticos son creados, más impuestos se cobran para sostenerlos y, en fin, más pequeño es el margen de libertad que queda y más dependen de Papá Estado esos millones de idiotas cargados de “derechos”.

—Olavo de Carvalho

Impuestos, 1

¿Por qué está mal visto quejarse del pago de impuestos?

Subyace la creencia compartida de que estamos contribuyendo a una mejor y más justa sociedad. Este dogma cristaliza en ideas como la de que sin los impuestos no tendríamos carreteras, ni sanidad, ni ayudas a los más necesitados, ni podríamos pasear tranquilamente por el centro de la ciudad sin que nos secuestraran o directamente nos pegaran un tiro. La creencia de que con los impuestos ayudamos a construir, “entre todos”, unos servicios mínimos que satisfacen unas necesidades (sanidad, educación, etc.) que hemos transformado en “derechos universales de todas las personas”. Además, se da por hecho que no hay otra manera de conseguir ese paraíso socialdemócrata consistente en una “sociedad civilizada que cuida de los suyos, especialmente de los más desfavorecidos”. (más…)

Emprender

In the long run, the State, the Community, the established form of life remained, remained intact and impregnable. The individual, trying to break forth from it, died of fear, or of exhaustion, or of exposure to attack from all sides, like men who have left the walled city to live outside in the precarious open.

This is the tragedy of Hardy, always the same: the tragedy of those who, more or less pioneers, have died in the wilderness, whither they have escaped for free action, after having left the walled security, and the comparative imprisonment, of the established convention.

Remain quiet within the convention, and you are good, safe and happy in the long run, though you never have the vivid pang of sympathy on your side; or, on the other hand, be passionate, individual, willful, you will find the security of the convention a walled prison, you will escape and you will die, either of your own lack of strength to bear the isolation and the exposure, or from a direct revenge from the community, or from both.

—D.H. Lawrence.

Partidocracia no es democracia

¿Hay democracia en España?

A primera vista parece que sí; cada 4 años somos convocados a las urnas para elegir “libremente” quién nos va a representar.

Nada más lejos de la realidad. Lo que tenemos en España tras la dictadura franquista es algo que se quiere hacer pasar por democracia, pero que no lo es. Sufrimos lo que técnicamente se llama una oligarquía de partidos o partidocracia. Y lo grave es que la inmensa mayoría de ciudadanos españoles con derecho a voto viven en el espejismo de creer que viven en una auténtica democracia. (más…)

Sobre el Gran Punto Rojo


Una charla TED no aparece de repente en Internet, ni se improvisa momentos antes de situarse sobre el “gran punto rojo”. En realidad, y aunque el orador no sea consciente de ello, se gesta años antes de que exista, y su proceso de alumbramiento suele ser tan exigente como gratificante. Ésta es la historia de cómo viví la preparación de la charla que di en TEDxAlcoi “Las inversiones botijo: cómo hackear la industria de la inversión“. (más…)